septiembre

3 de septiembre de 2011

Llueve. Y decido poner música. Y disfrutarla a mi manera…

“Heaven, I’m in heaven
And the cares that hung around me through the week
Seem to vanish like a gambler’s lucky streak
When we’re out together dancing cheek to cheek

(…)

Oh I love to go out fishing drinking
In a river bar or a creek pub
But I don’t enjoy it half as much
As dancing cheek to cheek

Come on and dance with me
I want my arms about you
That charms about you
Will carry me through…

To heaven, I’m in heaven
And my heart beats so that I can hardly speak

And I seem to find the happiness I seek

When we’re out together dancing drinking, out together dancing speaking,  out together dancing laughing cheek to cheek”.

(@yapalf version…)

4 de septiembre de 2011

Disfrutando…

Con esto …  y esto

5 de septiembre de 2011

No redundaré en el hecho, de sobra por todos conocido, de que soy gilipollas. Tal vez por eso, hasta hoy no ha aparecido aquí mi grupo, cantante, canción preferida/-o.

En fin; démosle las gracias a G.

él, ellos

Por supuesto, en directo.

8 de septiembre de 2011

Sin lugar a dudas, la canción del día; y eso que venía con la intención de reseñar otra con la que he tenido el placer de encontrarme esta mañana y que despierta mi lado más desconocido.

Y que es esta.

9 de septiembre de 2011

Recordando la noche de ayer, pensando en el día de hoy, me ha venido a la mente esta obra de arte de los p++os dioses, aunque si he de seros sincera, tengo especial debilidad por esta versión (Woodstock en estado puro).

Nena, a veces las cosas no salen como esperamos, pero saldremos adelante. Con nuestros amigos, cantando fuera de tono en karaokes o mirando al sol los lunes en el parque.

Trust me.

10 de septiembre de 2011

Acabo de colgar mis preciosos visillos (breve inciso: odio IKEA) en el salón de mi casa para horror y disgusto de mis nuevos vecinos. Al menos, espero que les haya gustado la última representación previa a la bajada del telón: solecito, brisa mañanera y de fondo, esta fantástica canción (e interpretación).

Je.

Madre de dios, lo que puede dar de sí un trozo de tela…

:)

11 de septiembre de 2011

Underexpousure.

Recopilo mentalmente las canciones con cuya música de fondo me hubiera gustado (me gustaría) que me besaran, y me doy cuenta de que en la mayoría de los casos, son canciones hechas por y para imagenes. Para historias, al fin y al cabo.

La que ocuparía el primer lugar de la lista, sin duda, es esta de Vangelis que consigue que se me ponga la piel de gallina cada vez que la escucho.

La canción (L’Enfant) es parte de la Banda Sonora de “El año que vivimos peligrosamente” (1983), una película de Peter Weir protagonizada por Mel Gibson y Sigourney Weaver. Tremenda.

A lo que iba; más allá de la película (que me encanta) esta canción tiene la facultad de transportarme a ese lugar (estado) en el que sólo te apetece recordar besos pasados o anhelar los futuros. Besos con lluvia, por supuesto.

La Banda Sonora de la película corrió a cargo de  Maurice Jarre (el papá de Jean Michelle), un ser humano con tres oscar en su haber (por Lawrence de Arabía, Doctor Zhivago y Pasaje a la India).

Casi nada.

No obstante, cabe decir que las dos canciones más famosas de la película no  son suyas. Me refiero a “L’Enfant” (Vangelis) y “Beim Schlafengehen” (Richard Strauss*).

Totalmente de acuerdo. ¿Cómo no voy a compartir esta selección si durante años, cuando hablaba de bodas, sólo se me hacian sugerentes por el hecho de poder oir y bailar a Strauss sin que me miraran mal?

En fin.

No obstante, lo de Jarre no es un hecho aislado; Vangelis, sin ir más lejos, obtuvo el Oscar por la Banda Sonora de “Carros de fuego” (1981), y no por L’Enfant o por “Love theme” de Blade Runner.

Segunda en el ranking por ser otra de las canciones (de otra de mis películas preferidas) que me hace pensar en cómo hubieran sido algunos besos si hubieran tenido este acompañamiento…

Mejor ni pensarlo y más en fines.

Y hay más; como no podría ser de otra manera, la tercera en el ranking es un tema del señor John Barry.

Si os pareció una pasada lo de Jarre, Barry obtuvo cinco Oscar por  Bailando con lobos, Memorias de Africa, El león en invierno y Nacida libre (BSO y canción).

Sin duda (para mí, por supuesto) esta es la canción de Memorias de África como lo es la escena de la avioneta sobrevolando el lago Nakuru.**

Arg; al final, este post con el que pretendía huir de la tristeza de la fecha en la que nos encontramos, me está saliendo rana y me estoy poniendo de un melancólico que me veo en Sol con un megáfono pidiendo que me den un besito.

Cambiando de tercio y ya para acabar, no puedo evitar mencionar a dos seres humanos cuya música, también muy ligada a la industria cinematográfica y al mundo cultural americano, adoro.

Empecemos por George Gershwin, a quien siempre asociaré con Rhapsody in Blue y las mañanas festivas de mi niñez.

Este señor hacía una música que siempre me ha evocado la América elegante de la década de los años 20 y 30, la América de las grandes orquestas y los bailes en salones con mesas de manteles blancos.

Más allá de piezas como la que acabo de reseñar y la de un americano en París (tal vez sus obras más conocidas) Gershwin compuso una ópera en tres actos (Porgy y Bess) que es una maravilla.

De esta obra son canciones tan famosas como “Summertime” o “I wants to stay here”; a quien le interese, hay una edición de 1957 de Louis Armstrong y Ella Fitzgerald.

Y acabaré con Leonard Bernstein, que entre otras minucias, fue director de la filarmónica de Nueva York y tuvo a bien componer West Side Story (entre otras) para gusto y deleite de los que colgamos visillos las mañanas de sábado.***

Bueno querid@s, espero que os haya gustado la selección y que disfrutéis de esta tarde de domingo.

Besos,

* Ojito con Strauss que la gente se piensa que sólo hay uno (“Strauss”), y hay unos cuantos… ;)

**  Aprovecho para quitarme el sombrero ante la interpretación de Meryl Streep y Robert Redford; cualquiera diría que se llevaban a matar.

*** Aprovecho para poner a dios por testigo y prometerme que, la próxima vez que en Broadway esté este musical, haré todo lo humanamente posible para ir.

14 de septiembre de 2011

Me encantan las historias y la gente que habla de la vida (lo que anhela,  piensa,  siente, o ha pensado o sentido en algún momento de la misma) en vez de perder el tiempo divagando sobre estupideces.

Me encanta la gente a la que le gusta hablar y contar historias*  poniendo pasión en cada frase y sabiendo mantener la expectación hasta el final.

No he podido evitar buscar referencias del concierto de Joel del que me hablaste, y aunque no he encontrado ninguna, me quedo con el fantástico relato de un público cantándole al pianista en gesto de respeto y admiración, y con la cara del cantante al piano, en silencio, emocionado, escuchándoles.

Escuchándote a tí tambien, al fin y al cabo.

Gracias por la historia; me quedo con tu relato, y con la canción de música de fondo…

* insisto: el silencio está sobrevalorado para goce y disfrute de aburridos, inseguros, tristes, egoistas y gente con poco que aportar.

21 de septiembre de 2011

Aún recuerdo la primera vez en mi vida que vi un walkman; era un Sony plateado, que se componía de una pletina que permitía ver aproximadamente la mitad de la cinta que reproducía y unos sencillos cascos forrados de espuma.

El objeto en cuestión era de mi hermano y, a la sazón, totalmente inaccesible para mí, su hermana pequeña. Por alguna razón que mi memoria no es capaz de recordar, la noche en la que mi hermano apareció con tan flamante novedad ambos dormíamos en casa de mi abuela.

Yo no paraba de pedirle que me dejase el “gualman”, petición que fue denegada inicialmente con una sonrisa socarrona, posteriormente con noes rotundos y finalmente con la más descarada ignorancia.

Pero como ya os he comentado, yo estaba en casa de mi abuela, lejos de cualquier ayuda paterna, y lo único que me cabía era esperar a que mi hermano se cansase del juguetito para, en un descuido, apoderarme de él.

Pero no se cansaba.

Indefectiblemente, cambiaba de una cara a otra cuando estas llegaban al final, y yo, sentada en el sillón de enfrente, iba perdiendo poco a poco las esperanzas de hacerme con ese cacharro que se me antojaba cada vez más fascinante.

Tampoco alcanza a recordar mi memoria por qué esa noche tuvimos que dormir juntos en la cama de mi abuela, pero lo que mi cerebro sí que recuerda con la máxima nitidez es la sensación que tuve cuando, a punto de dormirme, oi a mi hermano que me decía: “¿Quieres oirlo?”. Joder, ¡A esas alturas de la noche me hubiera conformado con tocarlo!

Di un respingo y me abalancé sobre ellos (hermano, walkman) con la mayor velocidad que mi corta edad, y mi más aún corta habilidad, me proporcionó, a lo que mi hermano respondió con un gesto al más puro estilo Gollum-mi-tesoro que me hizo temer lo peor.

Mierda -pensé-, ya se ha arrepentido. Pero no; creo que simplemente, le asusté.

Conseguir acceder al cacharro esa noche me costó más que lo que hoy me costaría conseguir una hipoteca, pero finalmente me colocó los cascos y le dio al play.

A día de hoy, el recuerdo de esa noche, de la sensación de la música entrando  por mis oidos e invadiendome el cuerpo, fundiéndose con él, la ilusión de estar físicamente en el mismo universo pero al mismo tiempo en otro mundo, estando  alli (compartiendo espacio) pero no oyendo (y por tanto, sintiendo) lo mismo. Tener la música en la mano y sentirte como si tuvieras el mundo, preguntarse qué clase de magía hacia posible todo aquello.

No sé cuantas veces pude oir esa cinta. Sólo recuerdo que mi hermano se durmió, y que yo seguí, como él hizo horas antes, escuchando indefectiblemete al mega crack de Stevie Wonder, y que me enamoré, por primera vez, de una canción. De esta canción, que hoy he vuelto a escuchar y me ha hecho recordar aquella sensación de estar viviendo algo único, especial.

Hoy hay emepetreses y espotifais y yutubes, pero para mí nunca nada será comparable a ese walkman, esa noche y esa canción.

Buenas noches querid@s

30 de septiembre de 2011

Me encanta. Su voz, sus letras, su sentimiento, su… overexpousiridad. Creo que me he enamorado de él (sólo como uno puede enamorarse, loca y compulsivamente) y no puedo dejar de escuharle. No quiero dejar de hacerlo.

Supongo que disfruto de esa facilidad aterciopelada, al fin y al cabo tan desconocida para mí, de decir lo que siente.

“I smile when I’m angry.
I cheat and I lie.
I do what I have to do
To get by.
But I know what is wrong,
And I know what is right.
And I’d die for the truth
In My Secret Life.”

Sí, me he flipado. ¿Y?

3 respuestas a septiembre

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