…the beguine.
Mal traducido como “volver a empezar”, la canción se refiere a un tipo de música de la década de los 40 (el beguine, para más señas).
Las cosas no son lo que parecen, queridos, y ni aún cuando somos claros y concisos en nuestros mensajes, podemos asegurarnos que la interpretación sea la correcta o esperada.
C’est la vie.
A la par que surrealista, la noche de ayer fue prolija en anglicismos, lo que me llenó de alegría y satisfacción en este periodo anglófilo-idiomático en el que me encuentro. Me quedo con “overexposure”, palabreja con la que fui bautizada aún no sé muy bien porqué.
La verdad es que al principio no me gustó lo más mínimo, pero desde que busqué la traducción…
A photograph may be described as overexposed when it has a loss of highlight detail, that is, when important bright parts of an image are “washed out” or effectively all white, known as “blown out highlights” or “clipped whites”
…y me convertí en retrato, estoy feliz. Es más, cada vez me gusta más mi nueva etiqueta; soy una overexposure, oye, y me encanta. Luz quemada, qué bonita expresión.
Desde ayer soy una fotografía (un poco churruscada, eso sí) y voy girando las esquinas con cuidado por si viene un golpe de viento y salgo volando; entendedme: tengo que tener mucho cuidado. No quiero acabar en cualquier charco desdibujándome, por muy quemada que esté.
Me voy a casa, a mi marco, a taparme suavemente con el cristal y pensar en cómo me gustaría ser un atardecer sobre el mar.
Je.
¡Sonreid!
“<Click>”
¿over o underexposure?
Qué más da. “Begin the beguine”; de eso se trata.
¿O no?
