¡tachán!

Las luces enfocan el centro de la pista de arena, cubierta en parte por una alfombra roja sobre la que se erige un imponente caballero ataviado con levita y chistera.

De improviso, -aunque por todos esperado-, el silencio se rompe con el redoble de un tambor y el maestro de ceremonias, hasta ahora inmóvil, comienza su representación:

-¡Damas y Caballeros! -y su voz es un torrente que asciende velozmente hasta chocar contra la tela atlética que cubre la estancia a modo de cielo para bajar después en espiral atravesando como un rayo a todo el mundo.

-¡Damas y Caballeros! –y ahora es su mirada la que, en contrapicado, va embrujando los cuerpos ya atravesados previamente, provocando que los presentes sean incapaces de apartar la vista de ese individuo que, con los brazos levantados al cielo, habla mientras que gira sobre sus talones.

¡Niños y niñas!

¡Perros y gatos! (vaaaaale, tal vez esto no lo dijese).

-¡Bienvenidos al mayor espectáculo del mundo!*

Oh. Tremenda frase.

Y el redoble acompaña la voz del maestro de ceremonias, contribuyendo a crear ese clima de expectación tan propio de una generalidad a la que se le acaba de dar la bienvenida al mayor espectáculo del mundo.

El espectáculo comienza y se va desarrollando entre ojos y bocas abiertas, suspiros de alivio o preocupación y corazones agitados, hasta que el caballero de la levita vuelve y exclama:

-¡Damas y caballeros!

- ¡Niños y niñas!

- Perros y gatos¡ (vaaaale)

- ¡Escuchen con atención!

- Esta noche, me complace presentarles algo que nunca sus ojos pudieran haber pensado ver; un exceso de la naturaleza, algo impensable e incomprensible para cualquier mente humana, una desviación a la normalidad, una anormalidad de la naturaleza.

- Silencio.

-¡Damas y caballeros! esta noche, por primera vez, en exclusiva, me complace presentarles, en primicia mundial, a…

….Redoble de tambores…

¡¡¡La mu-jer multi-polar!!!

¡Ohhhhhhh!

y una tremenda exclamación, un estremecimiento colectivo, invadió la atmosfera hasta entonces cargada deexpectación.

-¡Observen, damas y caballeros!

- ¡No tengan miedo y miren! miren a la mujer mul-ti-po-lar! ¡miren como llora y rie, como es capaz de estar bien y al segundo siguiente mal, incluso al mismo tiempo!

- Niños y niñas, ¡descubrid vuestros ojos y observar este fallo de la naturaleza, un ser humano capaz de experimentar, ya no dos, si no múltiples estados anímicos de forma simultánea!

- ¡La mujer multipolar, señoras y señores, damas y caballeros, capaz de estar feliz y triste, enfadada y contenta, de amar y odiar al mismo tiempo!

La verdad es que la voz de ese hombre me gustaba particularmente, pero el foco que se acababa de encender y me enfocaba estaba dejándome ciega.

Baje los ojos y los clave en la alfombra roja que se extendía bajo mis pies.

Vaya, -pensé-; la de la pista central es de mucha más calidad, aunque poco después pensé que era normal; al fin y al cabo, yo sólo era una mujer multipolar, y me entristecí, aunque no múcho, porqué al mismo tiempo, la voz de ese hombre me hacía estar contenta.

The show must go on, querid@s…

*más allá del parlamento, of course.

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